La sobrecarga de la mujeres en las tareas de cuidados

Pese a los múltiples avances en medicina, ciencia y política que nuestras sociedades han alcanzado, el cuidado y acompañamiento a personas dependientes sigue siendo una asignatura pendiente de nuestro tiempo.

Según investigaciones recientes, el perfil usual de cuidador es el de mujer menor de 65 años en un 84% de las ocasiones. Estos cuidados suelen recaer en un único cuidador principal, que de forma general atiende, acompaña y cubre las necesidades de su atendido de forma continuada. Además, tomando estudios actuales se observa como en un 58% de los casos, ante el descubrimiento de una enfermedad incapacitante en un familiar, son usualmente las mujeres del entorno las que optan por modificar o abandonar sus empleos, frente a un 29,5% de varones en la misma problemática.


Estas situaciones tienen graves consecuencias, tanto para la figura del cuidador principal como para la persona atendida y su entorno.


La sobrecarga y el estrés es una de las consecuencias más palpables en el cuidador principal; al tener que atender necesidades, conflictos y vicisitudes de una persona en su totalidad además de su propia viva puede generar síntomas ansiedad, o depresivos, desembocando en el Síndrome del Cuidador Quemado.


En conexión con lo anterior, una buena planificación de todas las partes implicadas del entorno de la persona afectada, puede repercutir positivamente en el mantenimiento y preservación de las funciones de la persona pareciente.

Por último, y no menos importante, este ciclo, por el cual las mujeres de forma general asumen en mayor medida tareas cercanas a los cuidados no es más que una consecuencia de las desigualdades histórico culturales dadas entre mujeres y hombres, afectando a la distribución de tareas, generación de cuidados u atención hacia personas dependientes.


Por todo ello, con este articulo buscamos concienciar acerca de la importancia en la colaboración y participación de todo el entorno cercano de la persona afectada, en vista no solo de paliar desigualdades de género, sino de la creación de espacios seguros, saludables y respetuosos tanto para la persona atendida, el cuidador o cuidadores, como su familia y círculo cercano.

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